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¿Verano en calma?

04 septiembre 2022 Categoría: Tribunas opinión

 

El comienzo del verano trajo la calma a los mercados financieros. Sin embargo, a lo largo de los últimos días todo ha quedado en poco más que el sentido etimológico de esta palabra: calma, de la voz griega “kaûma”, significaba calor o bochorno, algo muy diferente a su actual acepción, asociada a tranquilidad y sosiego, dos características actualmente ausentes en la economía europea.

Los precios del gas y la electricidad lejos de remitir se han desbocado. Con ello, la economía de la zona euro atravesará estos próximos meses un escenario marcado por una elevada inflación que desembocaría en una recesión. Esta misma semana hemos tenido señales claras de ello: la confianza de empresarios y consumidores apuntan a una contracción de la actividad a la vuelta del verano, mientras que el IPC alcanzó un nuevo máximo histórico del +9,1%.

Además, preocupa especialmente la composición de la subida del IPC: en agosto, la aceleración de la inflación se centró en sus componentes más estables con la tasa subyacente incrementándose a ritmos del +4,3% y explicando prácticamente la mitad de la subida de los precios. Una muestra más de que los efectos indirectos de los mayores costes energéticos se están trasladando al resto de la cesta de la compra con una elevada velocidad y afectando las expectativas a largo plazo de los consumidores. En la reciente encuesta a hogares europeos, las familias esperan ahora que la inflación a largo plazo se sitúe en niveles del 3%, alejándose aún más de los objetivos del BCE. A la vista de estos datos, el actual proceso inflacionista está todavía en pleno desarrollo y los “guardianes” de la estabilidad monetaria se muestran cada vez menos cómodos.

Paulo Gonçalves es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

Los males que acechan a la economía de la zona euro no tienen una fácil solución y por si sola la política monetaria no será suficiente. Ante el dilema de apoyar el crecimiento o frenar la inflación, pensamos que la respuesta del BCE seguirá centrada en evitar que se “cronifiquen” las  expectativas de alta inflación por un largo periodo de tiempo. Así, tras la reunión de julio, que marcó la primera subida del precio del dinero en más de una década, como si fuera un juego de suma y sigue, el BCE continuará elevando los tipos oficiales en este tramo final del año hasta alcanzar su principal objetivo: frenar la inflación a toda costa.

En su reunión del próximo jueves se esperan decisiones contundentes, articuladas principalmente a través de nuevas subidas de los tipos que, en esta ocasión, esperamos alcancen los 75 p.b. De confirmarse, esta sería la mayor subida del precio del dinero de la historia del BCE en una sola reunión, dando una clara señal a los mercados financieros y a los hogares europeos de que la primera línea de prioridades es frenar los temidos efectos de segunda ronda del repunte de los precios de la energía y el riesgo a una espiral inflacionista, aunque ello conlleve un deterioro adicional del crecimiento.

Artículo publicado en ABC

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