Venezuela: el barril no paga la factura 11 enero 2026 Categoría: Tribunas opinión En los últimos años el petróleo nos dejaba una lección financiera clara: la volatilidad manda, pero el ciclo importa. Y es que, tras el pico visto en 2022 –Brent en torno a 100 dólares/barril de media–, llegaron dos años de normalización con niveles más cercanos a 80 dólares. En 2025 la referencia europea del oro negro cerró en 69 dólares/barril y -20% anual, con una combinación poco glamurosa, pero decisiva: demanda global algo menos dinámica, sobre todo en China, y una oferta holgada gracias a máximos de producción en EE.UU. y a la resiliencia de flujos sancionados. Con un nivel de inventarios más cómodos y una OPEP+ recortando para sostener precios, el crudo recuperaba un comportamiento más “macro” que “geopolítico”. ¿Se repetirá este año la tendencia? De momento 2026 arranca con la espectacular intervención estadounidense en Venezuela y su intención del controlar el oro negro del país, comenzando por 50 millones de barriles que venderán a precios de mercado. El giro implica desde iniciar conversaciones para ampliar o recuperar licencias revocadas hasta esquemas de supervisión de flujos, lo que podría volver a poner al país en el radar de refinerías y traders. Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March Conviene no obstante separar los titulares y el bolsillo. El país declara 300.000 millones de barriles de reservas probadas, 20% del total y las mayores de mundo por delante de Arabia Saudita, concentradas en la Faja del Orinoco y equivalentes a las de Irán e Irak juntas. Pero el problema llega con la producción: hoy bombea 900.000 barriles diarios, el 1% global pero una fracción de los 3,4 millones diarios que reportaba la compañía estatal PDVSA hace 20 años. El contraste es significativo: EE.UU. produce 13 millones de barriles diarios, y Rusia y Arabia Saudita en torno a los 10. Venezuela, con el mayor stock, opera como productor mediano. Pero la aritmética del retorno manda. Y es que solo mantener la actual producción implica, según diversas fuentes, una inversión de 50.000 millones de dólares, mientras que recuperar la que ofrecía el país a comienzos de los 90 cuadriplicará dicha cifra en 15 años. Y esto en un país donde gran parte del crudo es extrapesado –espeso y viscoso–, con costes de producción más elevados que implica la necesidad de precios no inferiores a 80$/barril para hacer ciertos desarrollos económicamente atractivos. El tiempo dirá si el mercado estará dispuesto a pagar la fiesta. De momento las previsiones apuntan a un crudo estabilizándose en torno a 60 dólares/barril, un nivel coherente con una oferta abundante –EE.UU. en máximos, menor disciplina de la OPEP+ y retorno gradual de barriles sancionados– y una demanda resiliente, pero sin el impulso estructural del pasado. Para las petroleras, el dilema no será “comprar crudo”, sino volver a arriesgar capital en un país con prima política, gobernanza incierta y términos operativos exigentes. Y el mercado puede aplaudir la apertura, pero los comités de inversiones pedirán más: seguridad jurídica, repatriación de caja y retornos ajustados al riesgo. En este escenario, Venezuela puede volver al mercado justo cuando el precio castiga la inversión intensiva en capital. Trump podrá exhibir barriles en titulares, pero sin un precio que los respalde, Venezuela seguirá siendo un activo geopolítico antes que una inversión rentable. Artículo publicado en ABC.