Trump reaviva la guerra comercial: ¿estrategia efectiva o riesgo global? 23 febrero 2025 Categoría: Tribunas opinión El regreso de Donald Trump a la casa Blanca, el pasado mes de enero, ha supuesto un retorno a las políticas proteccionistas y nacionalistas. En sus primeros días, el presidente electo de Estados Unidos (EE.UU.), que al igual que en su primer mandato cuenta con la mayoría en el Congreso y Senado, firmó hasta 26 órdenes ejecutivas, destacando la imposición de aranceles del 25% a la importación del acero y aluminio. A ello se suma un arancel del 10% a productos chinos y la correspondiente contrarréplica de Pekín, con medidas equivalentes. Pero el proteccionismo no se detiene ahí: desde abril, EE.UU. aplicará nuevos aranceles a sectores clave como el automovilístico, los semiconductores y la industria farmacéutica, con tasas iniciales del 25% que podrán incrementarse en un año. Trump justifica esta estrategia como el impulso necesario para revitalizar la industria nacional y reducir el déficit comercial. Sin embargo, la comunidad económica alerta que, si bien ciertos sectores e industrias podrían verse beneficiadas, el impacto general será negativo, elevando el coste de producción y encareciendo los precios para los consumidores. Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March Es innegable, no obstante, que Estados Unidos enfrenta déficits comerciales significativos con diversos países y regiones. En 2024 el país alcanzó un déficit comercial récord de 1,2 billones de dólares, desequilibrio que Trump argumenta se debe, en parte, a aranceles más altos impuestos por otros países. A título de ejemplo. La Unión Europa (UE) aplica un arancel promedio a EE.UU. del 5% mientras que Estados Unidos mantiene uno del 3,5% a los europeos. El ejemplo es similar con India, con arancel hacia EE.UU. del 12% vs 2,2% impuesto por los estadounidenses. El sector automovilístico, unos de los más controvertidos, es un ejemplo claro de este desequilibrio. En 2023 Europa exportó a EE.UU. 800.000 coches –la mitad procedentes de Alemania–, con arancel medio del 2,5% y 40.700 millones de euros de negocio. En contraste, EE.UU. exportó sólo 300.000, por 9.700 millones y arancel del 10%. Algo similar ocurre en la industria farmacéutica: Europa vendió a EE.UU. productos por 91.700 millones de euros, generando un superávit cercano a los 45.000 millones. Pero una guerra comercial no dejará a nadie indemne. Y es que, aunque Estados Unidos podría resistir mejor por su actual fortaleza económica y menor grado de apertura –el comercio representa el 25% del PIB vs 55% de la UE–, los efectos negativos serán inevitables. Según estimaciones del FMI, un incremento generalizado de los aranceles reduciría el crecimiento económico mundial en un -0,5% anual. Y según nuestros cálculos, un escenario de “guerra comercial” –subida inmediata de aranceles y consiguientes represalias–, implicará una reducción acumulada de cerca de un punto de PIB en EE.UU. y del 1,3% en el caso europeo. El futuro de esta renovada política proteccionista es incierto. Si bien el objetivo de Trump es fortalecer la economía nacional, el aislamiento comercial conducirá al encarecimiento de los costes de producción y un repunte inflacionario, aspecto este último sufrido por Biden en su fallida reelección. Los mercados observan los acontecimientos con cautela, conscientes de que una guerra comercial prolongada desestabilizaría la economía mundial. Por ahora, los inversores parecen interpretar estas medidas más como una táctica de negociaciones que como una amenaza estructural, aspecto que sigue animando a los activos de riesgo en este comienzo de año. Artíclo publicado en ABC