Ormuz y el Puente del Chinvat 05 julio 2026 Categoría: Tribunas opinión Según la mitología persa, tras la muerte, todas las almas deben cruzar el Puente del Chinvat. Un lugar en el que un tribunal divino presidido por Rashnu, guardián de la justicia, pesa con una balanza de oro el conjunto de las buenas y malas acciones del difunto. Para los justos el puente se ensancha convirtiéndose en un camino hacia el paraíso. Sin embargo, en el caso de los malvados, el puente se estrecha hasta volverse tan fino que las almas se precipitan hacia el abismo del infierno. A lo largo de los últimos días Irán se ha enfadado y pretende convertir Ormuz en su propio Puente del Chinvat determinando quién es justo o malvado. Los ayatolás se resisten a aceptar que una parte importante del tráfico comience a navegar pegado a Omán evitando ahora ser “identificado” y, en un futuro, “tarificado por el tránsito”. Por ello han atacado algunos petroleros vinculados con Occidente. Pese al alarmismo generado y las represalias de Trump, todo apunta a simples escaramuzas sin ánimo de destruir el pacto de reapertura del estrecho. Joan Bonet Majó es Director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March El camino hacia la normalización tiene difícil vuelta atrás y así lo reflejan los precios del crudo que cotizan a 72 dólares por barril, niveles inferiores al inicio del conflicto. Asimismo, la curva se ha aplanado completamente permitiendo que aquellas compañías que compran petróleo por adelantado, como las aerolíneas, se beneficien realmente de la situación. Desde nuestro punto de vista la recuperación de las exportaciones del estrecho de Ormuz se irá produciendo de forma paulatina: estimamos que, en un mes, ya se alcance un 70% de los niveles previos a la guerra y, para finales de año, un 95%. Dentro de este auténtico Puente del Chinvat resulta paradójico que, mientras se desploman los precios energéticos, asistamos a un tensionamiento en las expectativas de subidas de tipos de interés de la Fed —que han pasado a descontar un primer aumento en octubre y otro en marzo—. Si bien creemos que no habrá subidas —lo que sería coherente con un escenario de bloqueo en Ormuz en el que no se exportaría el crudo del Golfo Pérsico—, bien merece considerar que las bolsas suben más cuando la Reserva Federal eleva los tipos de interés que cuando los baja. Esto es debido a que, en el pasado, las recesiones generalmente han estado acompañadas de recortes de tasas porque cuando la autoridad monetaria se dio cuenta de que el ciclo se torcía ya era demasiado tarde. Asimismo, cuando las subidas de tipos son preventivas —y no suponen la inauguración de una tendencia estructural de alzas—, el comportamiento de la renta variable es especialmente bueno, porque constata que el ciclo económico se extiende y que las compañías continúan generando beneficios. Así ocurrió en 1985 y también en 1997, momentos en los que la economía norteamericana logró un aterrizaje suave y el S&P 500, en los 12 meses siguientes, acumuló revalorizaciones promedio superiores al +20%. Aunque Kevin Warsh no subirá los tipos este año, si la historia sirve de guía, no deberíamos preocuparnos por la bolsa incluso si se produjeran las subidas que hoy descuenta la curva. Probablemente, y con Trump de por medio, nuestro Puente del Chinvat no será un dulce camino hacia el paraíso acompañados por Daena, la bella doncella sagrada, pero en nuestra opinión, al mercado le queda recorrido para seguir subiendo. Artículo publicado en el ABC.