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Momento de cambios en Europa

20 julio 2021 Categoría: Tribunas opinión

Nos enfrentaremos a grandes retos, pero con nuevas herramientas que son un paso al frente en la convergencia europea.

 

Mientras Estados Unidos ha recuperado ya niveles de PIB previos a la pandemia, nuestro continente tendrá que esperar hasta la segunda mitad de 2022 para lograr la hazaña. La economía europea, que tantas veces nos ha acostumbrado a caminar despacio, una vez más se queda rezagada en la salida de la crisis. Además, la variante Delta será un nuevo freno en la ansiada recuperación.

Sin embargo, algo parece moverse en el seno de Bruselas con la aprobación esta semana de los Planes de Recuperación y Resiliencia (NGEU) de varios Estados miembros. Los objetivos son claros: acelerar la reactivación, pero, sobre todo, impulsar una transición hacia una economía más ecológica y digital. Prueba de ello es que la propia Comisión Europea impuso que se destine como mínimo un 37% del gasto de estos fondos a la transición ecológica y un 20% a proyectos de transformación digital.

El impacto final de este estímulo fiscal todavía es una incógnita por la falta de información concreta sobre los proyectos. La Comisión Europea espera un impulso al PIB agregado de la región en al menos 1,75 p.p. adicionales los próximos tres años; si tenemos en cuenta que los fondos disponibles alcanzarán el 5% del PIB, ello implicaría un conservador multiplicador fiscal de estas ayudas en la banda 0,3 – 0,4x.

No obstante, una aceleración en la implementación de los proyectos, unida a la composición de estas ayudas, nos permite estimar un efecto dinamizador más elevado de estos programas. Nuestras positivas expectativas se explican por varios factores: en primer lugar, el grueso de los proyectos se destinará a inversión y no a gasto público, lo que históricamente es acorde con un mayor multiplicador fiscal. Además, la mayor proporción de estos fondos estarán dirigidos a las economías más castigadas por la pandemia, en las cuales la brecha de producción es más elevada y, por tanto, ocasionaría un mayor impulso al alza sobre el crecimiento. Finalmente, destacar que estos fondos representan un programa europeo coordinado, que debería lograr externalidades positivas entre países que reforzarían los efectos de los estímulos.

Pero las noticias no se quedaron ahí, y esta misma semana la Comisión divulgó su paquete de medidas climáticas dirigidas a cumplir con los ambiciosos objetivos de reducir las emisiones contaminantes en 2030 hasta el 55% de los niveles de 1990 – un paso intermedio en el camino hacia la neutralidad climática del conjunto de la UE en 2050. Entre estas medidas legislativas destaca la prohibición de la venta de vehículos de combustión a partir de 2035, impuestos de ajuste de carbono en frontera y un mercado de emisiones ampliado ahora al sector del transporte y la vivienda. Son iniciativas que modificarán nuestra movilidad y también las cadenas de producción en la próxima década.

El momento del cambio ha llegado a Europa. Nos enfrentaremos a grandes retos, pero con nuevas herramientas que son un paso al frente en la convergencia europea. Queda ahora no desaprovechar esta oportunidad.

Paulo Gonçalves es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

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