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Las elecciones y el final de Toro Sentado

08 noviembre 2020 Categoría: Tribunas opinión

Bajo Trump, el “make America great again” no ha resultado en un mejor comportamiento de las industriales y su apuesta por la energía fósil no ha impedido el desplome del sector.

Las hostilidades de Trump retrasan la probable proclamación de Biden, resucitando pasadas pugnas postelectorales, como la de 1876, en la que el republicano Hayes se impuso a Tilden con 20 votos electorales menos.

Su actitud recuerda a la danza del Sol que Toro Sentado ejecutó aquel mismo año en Little Bighorn, Montana. Una ceremonia con la que, el último gran jefe Sioux, utilizando sus dotes de chamán, presagió que su pueblo sería atacado por tantos soldados enemigos como saltamontes y que, aunque serían tan fieros que vendrían con los pies arriba y la cabeza abajo, su tribu resistiría y no sería expulsada de sus tierras. Pocos días después, apareció frente a su campamento el Séptimo de Caballería. Todos sabemos cómo terminó aquella batalla y cuál era el calzado con el que el general Custer pasó a mejor vida.

Consideraciones raciales aparte y sin atribuirle ningún carácter sagrado, el aguerrido Trump no está dispuesto a abandonar la Casa Blanca y, como Toro Sentado, profetiza que revalidará su mandato.

¿Hasta qué punto tensionará el sistema para imponerse? Aunque la pugna en el Supremo parece asegurada, una cosa es la sed de victoria y otra, acabar con más de 2 siglos de democracia.

No nos enfrentamos a una situación nueva. Además de las trifulcas de 1800 y 1876, en el 2000, asistimos a la disputa de 5 semanas entre Bush y Gore, que el S&P 500 acogió con una corrección del 5%.

Pasada la volatilidad inicial, parece que Biden gobernará sin controlar el Senado, lo que limitará la aprobación de reformas, pero ¿es tan determinante para los mercados el color del presidente? Muy poco. La diferencia anual de rentabilidad del S&P fue inferior al 0,5% bajo el mandato de Obama/Biden frente al de Trump, y los sectores más beneficiados, los mismos: consumo discrecional, tecnología y salud. Bajo Trump, el “make America great again” no ha resultado en un mejor comportamiento de las industriales y su apuesta por la energía fósil no ha impedido el desplome del sector.

La bolsa depende mucho más de la habilidad para identificar negocios capaces de crecer en un mundo de menor crecimiento potencial, de la política monetaria expansiva de la FED, de los estímulos fiscales que se aprobarán a partir de enero (alcanzando un consenso parecido al que se consiguió en marzo), de las duras relaciones con China, que ambos candidatos mantendrían para proteger el liderazgo norteamericano, y del giro hacia la preocupación climática, a la que Biden se sumaría con la rotundidad que el Senado le permitiera. Mientras, con la paciencia del auténtico Sioux, deberemos afrontar días volátiles. Toca esperar a ver si se confirma el recuento a favor de Biden y no hay más impugnaciones. Esperemos que Trump no pierda los papeles y le termine ocurriendo lo que a Toro Sentado que, con la masacre con la que defendió Little Bighorn, escandalizó tanto a la opinión pública que el gobierno terminó mandando un ejército tan poderoso que aplastó a los Sioux para siempre. No nos despistemos, mantengamos exposición a riesgo, olvidémonos de la anécdota electoral y confiemos en las políticas fiscales que, tanto Biden como Trump, implementarán si resultan ganadores.

Joan Bonet Majó es Director de Estrategia de Mercados de Banca March

Artículo publicado en El País

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