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La tregua de Nash

24 mayo 2026 Categoría: Tribunas opinión

La tan publicitada cumbre entre Trump y Xi Jinping resultó decepcionante y ambos parecen atrapados en un “Dilema del Prisionero” planetario. La trascendental reunión apenas dejó acuerdos menores como la adquisición de 200 aviones Boeing y 17.000 M$ anuales en productos agrícolas por parte de China. Un gesto de tregua calculado y beneficioso internamente para Trump, quien trata de apaciguar la creciente frustración del sector agrícola estadounidense de cara a las elecciones de noviembre.

Ahora bien, lo más revelador no fueron las compras de aviones o de soja, sino que ambos mandatarios definieran al unísono que las relaciones entre sus países han pasado a una fase de "estabilidad estratégica constructiva". Más que un mero eslogan, esta idea parece extraída de la teoría de juegos que John Nash formalizó en los años 50 y señala el comienzo de un proceso de "interdependencia competitiva".

Paulo Gonçalves es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

Durante las últimas décadas ambas potencias han forjado relaciones económicas de tal magnitud que una "traición" mutua ya no conduce a una ventaja unilateral, sino a una ruina compartida. Las cifras son elocuentes: China es el segundo mercado internacional más rentable para las filiales estadounidenses, que a su vez sostienen 1,2 millones de empleos en aquel país. Por su parte, aunque Pekín ha diversificado reservas, sus tenencias de deuda pública estadounidense siguen siendo cuantiosas (superan los 650.000 M$, más del 3% del PIB), por lo que una venta desordenada acarrearía fuertes pérdidas para las propias autoridades chinas.

En este juego, el escenario óptimo, la "cooperación", equivaldría a un entorno de libre comercio, aranceles reducidos y cadenas de suministro eficientes. Un paraíso donde la inflación se modera y ambos bloques prosperan. El problema, como siempre, reside en el temor a ser el ingenuo que coopera y a que la otra parte no corresponda.

Ante la imposibilidad de lograr una confianza plena, la única alternativa es delimitar "líneas rojas". Esta cumbre dejó entrever que el conflicto en Irán, más que un obstáculo insalvable, se ha convertido en una complicación para ambos: China se ve privada de su tercer mayor proveedor energético (más del 10% de sus importaciones de crudo) y la popularidad interna de Trump se ve ahogada por la escalada de los precios de la gasolina. Frente a ello, Taiwán sí es para China esa línea inquebrantable y así lo ha refrendado. Por ello, la inminente decisión de la Administración estadounidense sobre la venta de armas a la isla (utilizada como baza negociadora) será la primera gran prueba de fuego para este aparente armisticio.

La era de una globalización feliz ha terminado y el coste de este frágil equilibrio es innegable. Los aranceles no han eliminado los vínculos comerciales, pero los han distorsionado. Los flujos bilaterales entre las dos potencias mundiales, más que disminuir, se han redirigido a través de terceros países como México o Vietnam, generando cadenas de suministro más largas y costosas, en definitiva, ineficientes. Este fenómeno alimenta presiones inflacionistas que perjudican a los consumidores y elevan los costes de financiación para hogares y empresas.

En los mercados bursátiles, consideramos que este escenario de calma superficial y competencia estratégica seguirá favoreciendo a las empresas receptoras de grandes inversiones en tecnología y en la modernización de infraestructuras energéticas. Paradójicamente, esta tregua también beneficiará a sectores que prosperan en un entorno de fragmentación y desconfianza mutua, como son la defensa y la ciberseguridad.

Artículo publicado en El ABC

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