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La paradoja de Mellach

03 julio 2022 Categoría: Tribunas opinión

 

Hace dos años, el cierre de la central térmica de Mellach simbolizó para Austria la consecución de un importante hito: por primera vez desde la Revolución Industrial, el carbón dejaba de formar parte de la generación eléctrica del país. Por si fuera poco, la compañía estatal Verbund aprovechaba las instalaciones de la central para iniciar un proyecto de investigación para producir hidrógeno verde. Mellach es el ejemplo perfecto  del tipo de transición energética con la que sueña Europa, donde los combustibles fósiles son sustituidos por nuevas fuentes de energía más limpias para luchar contra el cambio climático.

Desafortunadamente, los tambores de guerra procedentes de Ucrania han golpeado los cimientos de la estrategia energética europea, que en su diseño fio una parte importante de su destino a las importaciones de Rusia. Con la interrupción del 60% del suministro del Nord Stream, los cortes de gas de Moscú afectan ya a una docena de países europeos. Varios de ellos, encabezados por Alemania, han ordenado reactivar centrales de carbón, previamente cerradas, para poder seguir abasteciendo las reservas de gas de cara al invierno.

Adrián Santos es Analista de Estrategia de Mercados de Banca March

Ante la magnitud de los cortes, la vuelta del carbón está lejos de ser una solución. A modo de ejemplo, los 10 GW de capacidad que Alemania planea añadir a la red solo servirán para sustituir un 20% de los recientes cortes a través del Nord Stream.

En las cuentas que debe hacer Europa para garantizar el suministro, la situación de las centrales nucleares en Francia tampoco ayuda. Tras el accidente de Fukushima, la estrategia francesa divergió del decidido plan de Merkel de cerrar las centrales nucleares alemanas. Sin embargo, la falta de inversión ha provocado que, actualmente, cerca de la mitad de los 56 reactores de Francia se encuentren en mantenimiento. De hecho, en lo que llevamos de 2022, la producción de energía nuclear ya es un 23% inferior al promedio de la última década.

Ante la posibilidad de que los cortes de gas se agraven, Bruselas ultima un plan de emergencia que incluirá un mecanismo para racionar la demanda, algo que de materializarse situaría la economía al borde de la recesión. Con cada día de guerra, la necesidad de Europa de resolver su viacrucis energético es cada vez más urgente. El tiempo corre para poder afrontar con mínimas garantías una década que se antoja compleja en el terreno geopolítico.

En este contexto, la única salida de la UE pasa por redoblar la inversión y acelerar la transición energética, algo que acercaría el doble objetivo de la autosuficiencia de la región sin comprometer los objetivos climáticos. La Comisión ya ha presentado el RePowerEU, encaminado en esta dirección, aunque sorprende que el desembolso planeado —20.000 millones de euros en subvenciones— no represente un incremento sustancial con respecto a lo ya aprobado en el NGEU. En plena guerra y aproximándonos a una situación de auténtica emergencia, el paso que debe afrontar Europa debe ser más firme. Mientras Bruselas dirime estas cuestiones, Austria ultima los preparativos para que la central de Mellach vuelva a quemar carbón.

Artículo publicado en La Vanguardia.

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