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La actividad corporativa recobra el pulso

11 octubre 2020 Categoría: Tribunas opinión

Tras la gran conmoción que supuso la llegada del coronavirus, la vida retoma poco a poco el ritmo y con ella la actividad corporativa.

Tras la gran conmoción que supuso la llegada del coronavirus, la vida retoma poco a poco el ritmo y con ella la actividad corporativa. En el siempre excitante y movido mundo de las fusiones y adquisiciones, una primavera en estado de letargo dio paso, en los meses de verano, al mejor trimestre de las tres últimas décadas. Las cifras así lo atestiguan, contabilizándose más de 450.000 millones de dólares repartidos en treinta y seis acuerdos de importe superior a cinco mil millones. Un auténtico récord.

Sobresalen las compras en el sector tecnológico, llamado a liderar los cambios por venir a nuestras vidas en las próximas décadas, y que acaparó la mitad de la actividad corporativa trimestral. Sobresale y con mucho el anuncio del fabricante de chips Nvidia, que se hará con el grupo británico Arm, diseñador de chips y propiedad de la japonesa Softbank desde 2016. El acuerdo, que incluye efectivo y acciones, se cerró en 40.000 millones de dólares e implica plusvalías para Softbank, embarcado en un plan de venta de activos y recompra de acciones propias con la que tranquilizar a sus accionistas tras algunas compras menos exitosas.

La actividad en el sector farmacéutico, el cual se ha probado como una estrategia defensiva de exposición al riesgo en tiempos de pandemia, es también reseñable. De gran calado resultó el acuerdo de compra del grupo biotecnológico Immunomedics por parte de Gilead, valorado en 21.000 millones de dólares y con el que busca ampliar su oferta de tratamientos contra el cáncer. Los contactos entre compañías no cesan y, de forma reciente, el grupo Bristol-Myers Squibb anunció la adquisición del laboratorio Myokardia, por 13.100 millones de dólares en efectivo y una notable prima del sesenta por ciento. Su objetivo es reducir la elevada dependencia del negocio oncológico tras su compra de Celgene el año pasado.

A nivel geográfico, la actividad corporativa de calado fue acaparada por Estados Unidos, país que a su vez había encabezado las caídas en la primavera; por su parte, en Europa, donde todavía ha de cristalizar un acuerdo sobre el Brexit, la actividad ha ido más rezagada en pos de la futura creación de campeones nacionales y europeos, pero ya empieza a despuntar. Como ejemplos, la compra de Bankia por Caixanbank en España o el acercamiento de Veolia, el grupo francés de gestión de aguas y residuos, al grupo Suez. Es igualmente reseñable destacar la práctica ausencia de acuerdos transnacionales, en un entorno de tensiones comerciales y dificultades para cerrar acuerdos en directo por las restricciones de viaje.

Hay dudas sobre la continuidad de la bonanza tras el excelente trimestre visto. Los pesimistas se apoyan en la cifra acumulada hasta septiembre, la peor de los últimos siete años con más de dos billones de dólares en acuerdos y una caída del 6% frente al año previo. Dos son los aspectos, sin embargo, que nos hacen apostar por la continuidad de la actividad corporativa. Por un lado, el escenario de tipos en mínimos y amplísima liquidez en el sistema -en manos de bancos y del capital riesgo- dan el soporte necesario. Por el otro, el shock que ha supuesto la pandemia ha acelerado la necesidad de las empresas de ser más solventes, diversificadas y mejor aisladas en un futuro inmediato, buscando nichos en el mundo de la economía verde, tecnología o ciencia que cuenten con un potencial de crecimiento superior a la media mundial.

Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

Artículo publicado en La Vanguardia

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