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Jugando fuerte

27 febrero 2022 Categoría: Tribunas opinión

Putin acrecienta la estrategia utilizada en la invasión de Crimea. Las repercusiones para los mercados serán muy parecidas: tras el pánico inicial, se digerirá el triste acontecimiento y la calma no tardará en llegar

Putin se ha atrevido. Desatando sus ambiciones más colonialistas, ha lanzado una invasión completa sobre Ucrania. El juego de la matrioska continúa y, como si se tratara de acumular unas muñecas dentro de otras, prosigue la dilatada estrategia expansionista rusa: Transnistria, Abjasia, Osetia del Sur frente a Georgia en 2008 y la anexión de Crimea de 2014, entre otras. 

Todo bajo la tibia mirada de occidente que no intervendrá militarmente y que, por el momento, a pesar de las grandilocuentes amenazas de sanciones, no implementará las medidas más agresivas posibles sobre Rusia. La razón es clara, aunque la U.E. es el mayor cliente de Rusia –es el destino del 38% de sus exportaciones–, el 68% de las mismas son materias primas energéticas y suponen el 44% de nuestras necesidades de gas. Imponer duras trabas en este sector sería como pegarse un tiro en el pie. EE.UU., energéticamente independiente, aborda este grave problema con más distancia y tranquilidad, debido a su poca exposición comercial a Rusia y Ucrania –el 4% de sus exportaciones y menos del 1% de las ventas de las compañías que componen el S&P 500–.

Joan Bonet Majó
Director de Estrategia de Mercados de Banca March 

Sin duda, la inoperancia occidental ante los afanes expansionistas de los líderes de “democracias imperfectas”, como Putin, tendrá graves consecuencias estratégicas de largo plazo, pero ¿y para los mercados? Al fin y al cabo, la aplastante diferencia de fuerzas y la rapidez del desenlace militar, ¿no nos sitúan en un contexto parecido al que se produjo con la anexión de Crimea por parte de Rusia? Entonces se cumplió la máxima de riesgo geopolítico igual a oportunidad. Tras las caídas iniciales, que en el caso del Dax alemán –el índice más penalizado– llegaron a ser del 7%, los mercados experimentaron un fuerte rebote y recuperaron niveles previos en un mes y medio. Además, todas las materias primas en las que Rusia es rica terminaron cayendo en el mismo plazo, con la excepción del paladio, que subió un 5% –Rusia posee un 40% de la producción mundial–. 

El riesgo es que si la situación se estancara y los precios del petróleo se mantuvieran de manera prolongada por encima de los 100 dólares/barril, terminaría afectando a la inflación y al crecimiento –según el BCE, un recorte de la oferta de gas en Europa del 10% tendría un impacto en el PIB del -0,7%–.

De todas formas, consideramos que los recientes acontecimientos limitarán las expectativas de subidas de tipos de interés y serán utilizadas por los bancos centrales para ganar más tiempo en la retirada de sus políticas monetarias expansivas, particularmente por parte del BCE.

Dejando aparte la enorme tristeza que produce la guerra y que supone conocer que jugar con matrioskas, en 2022, nada tiene que ver con el símbolo de alegría, prosperidad y sabiduría para lo que, en teoría, fueron diseñadas –se supone que reflejan lo que verdaderamente sale de uno mismo–, la lectura para los activos de riesgo no es mala. Este episodio de riesgo geopolítico pronto pasará a un segundo plano.

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