Imitar o no imitar, esa es la cuestión 01 junio 2025 Categoría: Tribunas opinión En 1950, Serguéi Lébedev desarrolló el primer ordenador programable de la URSS, el MESM (Máquina Electrónica de Cálculo Pequeña, por su acrónimo en ruso). Este hito impulsó el progreso independiente de la informática soviética hasta mediados de los años sesenta, cuando los dirigentes optaron por una vía más “fácil”: robar y copiar tecnología estadounidense, especialmente de IBM, en lugar de innovar. Mirando con retrospectiva, esta decisión cerró la puerta al liderazgo computacional del bloque soviético para siempre. Hoy asistimos a una nueva carrera por la innovación, esta vez entre EE.UU. y China. Aunque empresas como Nvidia, Microsoft o Alphabet lideran el desarrollo de la IA, el gigante asiático cuenta con una gran cantidad de talento especializado. Según Jensen Huang, CEO de Nvidia, la mitad de los desarrolladores de IA están en el país asiático. Por eso, las restricciones a la exportación de chips preocupan a la compañía que, bajo un prisma empresarial, pierde un mercado con un potencial elevado. Las preocupaciones vienen del pasado. Biden intentó crear una regulación que restringía las exportaciones de chips, catalogando a los países en 3 grupos: 18 aliados cercanos –sin restricciones a la importación de chips de última generación, ni maquinaria de producción–, países con restricciones estrictas –China, Rusia o Corea del Norte– y el resto de los países, con limitaciones a la cantidad de importaciones y al tamaño de los modelos que podía entrenar. Luis Fernando Coello, Analista de Estrategia de Banca March No obstante, el cambio de Gobierno ha provocado que toda esta intrincada legislación se deseche. La Administración Trump buscará su propio camino, pero en la misma línea. Por ejemplo, ha detenido el envío de 1,3 millones de chips H20 a las tecnológicas chinas por valor de 16.000 millones de dólares debido al incumplimiento de una norma que no permite su venta a China para superordenadores. La cuestión es si los controles a las importaciones de chips son capaces de limitar el desarrollo de los modelos de última generación en China. Por un lado, quien lidera el perfeccionamiento de servidores IA a nivel doméstico es Huawei, que ha sabido sobreponerse a las diversas restricciones de Occidente, fabricando equipos de procesamiento tan solo dos generaciones por detrás de los que produce Nvidia. Además, el avance de proyectos como Deepseek sugiere que limitar el acceso a chips podría, paradójicamente, impulsar el desarrollo de tecnologías propias en uno de los mayores hub de IA del mundo. Por otro lado, están las razones de seguridad. En sectores clave, como la aviación, los estrictos controles en la transferencia tecnológica a China han favorecido la ventaja competitiva a Boeing y Airbus. Las autoridades norteamericanas esperan replicar este éxito, con una rigurosa regulación sobre los chips de IA. Mirando al pasado, la informática soviética se estancó precisamente por copiar a Occidente en lugar de innovar. Hoy, el recelo de EE.UU. podría llevar a China a desarrollar una arquitectura tecnológica paralela, menos controlable. Aunque las razones de seguridad son válidas, el dilema entre protegerse y fomentar el progreso seguirá marcando el debate. Lo bueno es que la carrera por la innovación traerá mas progreso y potencialmente más crecimiento económico. Artículo publicado en La Vanguardia y ABC