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Geopolítica, economía y decisiones de inversión

20 febrero 2022 Categoría: Tribunas opinión

 

Suenan tambores de guerra en la vieja Europa. ¿O a lo mejor no? Nos relata Sun Tzu en su legendario “El arte de la guerra” que Ganar cien veces en cien batallas no es el apogeo de la habilidad. Someter al enemigo sin pelear es el apogeo de la habilidad. Algo así puede estar pensando el presidente ruso Vladimir Putin quien, aprovechando los relevos en los Gobiernos de Alemania y Estados Unidos, ha elevado el tono bélico apostando tropas en su frontera con Ucrania. El conflicto, por ahora dialéctico, está servido y los mercados asisten temerosos a un posible desenlace violento mientras Europa diseña un nuevo marco de sanciones a Rusia.

La aplicación de nuevas sanciones, recíprocas, serán negativas para todos. Rusia parece a priori el eslabón más débil, por su mayor dependencia de la Unión Europea que a la inversa. En concreto el 38% de las exportaciones rusas se dirigen al bloque comunitario, su principal socio exportador, siendo dos tercios ventas de crudo y gas. Para la U.E., Rusia es sólo el quinto mayor socio y un 4% de los bienes totales exportados en 2020. Rusia se vería además más penalizada por los flujos de inversión, al ser la U.E. el mayor inversor extranjero directo en el país superando en 2,2 veces los 136.000 millones de euros invertidos por Rusia en la U.E..

Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

Mencionamos, además, que desde la invasión de Ucrania las sanciones en vigor han detraído en media un 2,5% del crecimiento ruso anual, según distintos estudios. Y aunque su economía está mejor ahora para resistir nuevos contratiempos -600.000 millones de dólares en reservas, deuda pública de sólo el 20% del PIB-, la inflación supera el 9% y el precio oficial del dinero el 9,5%, con subida de 5 puntos porcentuales en un año.      

Pero Europa no saldría indemne del envite, ni mucho menos. La región importa desde Rusia el 40% de sus necesidades de gas y un tercio del crudo total, con el consiguiente impacto en la inflación y crecimiento si falla el abastecimiento. Rusia lidera además el suministro global de paladio y titanio, materiales críticos en la industria automovilística y aeronáutica. En el sector financiero, 60.000 millones de dólares en créditos de bancos europeos están en manos rusas, cuatro veces más que los créditos pendientes a bancos de EE.UU.. Y no dudamos que el bloqueo al acceso de Rusia al sistema internacional de pagos traerá consecuencias negativas a Europa.    

¿Y los mercados? Asistimos a un nerviosismo inicial lógico, producto del incierto desenlace,  pese a que un análisis histórico de eventos bélicos apunta a que las tensiones geopolíticas traen oportunidades. Sorprende así saber que, sólo seis meses tras la invasión de Kuwait, los mercados recuperaban niveles previos, o que tras la ocupación de Crimea por Rusia en 2014 el Dax alemán perdió un 7% en escasas semanas, recuperando posteriormente con rapidez. Incluso mirando más atrás, en un conflicto global como la Segunda Guerra Mundial, el índice Dow Jones tocó mínimos en 1942 para subir los tres años siguientes, duplicado su valor a finales de 1945.      

El conflicto ucraniano es sin duda un riesgo importante, que ocurriría además en Europa. Aunque en estos momentos el desenlace es muy incierto -pura escenificación del maestro Putin o antesala de un conflicto real-, y las consecuencias económicas serían negativas, la incertidumbre y nervios asociados a acontecimientos geopolíticos no deben precipitar las decisiones de inversión. De ello sabe mucho la historia.

Artículo publicado en La Vanguardia

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