Europa sigue “Esperando a Godot” 15 febrero 2026 Categoría: Tribunas opinión La sensación de urgencia crece y los líderes europeos tratan de avanzar. Aunque nuestra economía es más rica que China y tenemos más población que Estados Unidos, la brecha de crecimiento y la pérdida de competitividad industrial no para de agrandarse. Las cumbres se repiten una tras otra, pero al igual que ocurre en la obra de Beckett, el resultado no mejora y la solución a los problemas estructurales de la UE parece que nunca llega (como Godot). La falta de consenso entre los 27 es notoria y una vez más crecen las voces que defienden una Europa a dos velocidades. En un mundo que camina a pasos acelerados hacia la electrificación y en una región importadora de energía fósil, diseñar un adecuado sistema de redes eléctricas es una prioridad clara y que permitiría reforzar la columna vertebral no solo del sistema energético sino de la propia unión. Paulo Gonçalves es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March La generación de energía eléctrica a través de renovables ha avanzado rápidamente en Europa (es ya el 49% del total). Sin embargo, existen limitaciones estructurales graves, que generan congestiones y costes. Deficiencias que tienen un impacto directo y sitúan de media los precios industriales de la electricidad en la UE en 0,19 €/kWh, prácticamente doblando los practicados en promedio en China y Estados Unidos. En este sentido, el reciente anuncio del Paquete de Redes Europeas es un paso adelante y será el mayor esfuerzo regulatorio de la UE con vistas a modernizar y armonizar la infraestructura. Ahora bien, estas mejoras que incluirían ampliar tanto las interconexiones transfronterizas como la adaptación de las redes de distribución a los retos de la transición energética demandarán grandes cantidades de dinero: la Comisión Europea estima que se necesitará invertir al menos 584.000 M€ hasta 2030, es decir, más del 3% del PIB comunitario. Fondos que difícilmente podrán venir de las arcas públicas dado su maltrecho estado. Frente a este menor margen de actuación fiscal, la buena noticia es que el Viejo Continente cuenta con mayor capacidad de inversión privada: los hogares europeos acumulan 37 billones de ahorro financiero, de los cuales el 31% (más de 11 billones) está aparcado en efectivo y depósitos de baja remuneración, niveles muy superiores a los de Estados Unidos donde no superan el 13%. Por ello, con apenas movilizar un 5% de esta bolsa de ahorro infrautilizada hacia proyectos de inversión en infraestructuras energéticas, se lograría cubrir las necesidades de financiación previstas. La integración europea es un proyecto en construcción y dos son ahora los engranajes necesarios para no perder el tren de la electrificación de la economía: modernizar y mejorar las interconexiones de las redes eléctricas y un nuevo impulso a una verdadera Unión de Ahorros e Inversiones. La UE necesita despertar y, para competir en un mercado global, en primer lugar, tendrá que dotar de mejores herramientas para que el ahorro privado y la electricidad fluyan con facilidad dentro de la región, abaratando costes y permitiendo a las empresas ganar escala accediendo a financiación en los mercados de capitales y a energía menos costosa. Artículo publicado en El País