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Enseñanzas del pasado

16 octubre 2022 Categoría: Tribunas opinión

 

La economía china, que ha logrado duplicar su PIB per cápita en la última década y ha sido el gran motor del crecimiento mundial, muestra ahora serias fragilidades que cuestionan su modelo. Los vientos en contra se han acrecentado y el país asiático se enfrenta a su mayor desafío desde el comienzo de la pandemia. Aunque la actual desaceleración no es una novedad, lo cierto es que el frenazo sigue intensificándose, haciendo temer por un parón estructural y alimentando las comparativas con el Japón de los años 90 y su gran década perdida.

El deterioro del sector inmobiliario no da tregua: las ventas de propiedades retrocedieron un -23% en agosto y la construcción de viviendas cayó un -50% interanual. Todo ello, como es de esperar, está presionando los precios de la vivienda, que en las principales ciudades acumula cinco meses de caídas y en agosto retrocede un -2,1%.

Al frenazo del mercado residencial, se une la estricta política de “Covid-cero”. De manera contraria al resto del mundo, las autoridades chinas siguen aplicando confinamientos y test masivos ante incrementos mínimos de los contagios, produciendo interrupciones de la actividad económica y aumentando la incertidumbre.

Paulo Gonçalves es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

Esto se ha visto claramente a lo largo de la “Semana Dorada”, el periodo vacacional más importante de China. El turismo doméstico, que pesa más de un 10% del PIB, se está viendo gravemente dañado: ante las recomendaciones de evitar desplazamientos, el gasto turístico cayó un -26% y todavía se sitúa un 56% por debajo de los niveles previos a la pandemia.

En este contexto, se inicia este domingo el XX Congreso del Partido Comunista chino. Más allá de los temas políticos, donde se confirmará que Xi Jinping seguirá en el poder un tercer mandato – rompiendo la costumbre de nombrar nuevo secretario general cada dos mandatos –, la atención estará puesta en cómo relanzar su economía.

Aunque la situación actual de China no es la misma que la de Japón en los 90, existen notables parecidos: crisis inmobiliaria en economías con elevadas tasas de ahorro y superávits por cuenta corriente, lo que dificulta que bajadas de tipos e inyecciones de liquidez impulsen por sí solas la reactivación económica. Sin embargo, la similitud más preocupante a largo plazo es que la llegada de la crisis inmobiliaria coincide con el pico en el crecimiento de la población en edad de trabajar, y por tanto, ambas economías afrontan también la necesidad cambiar los modelos de crecimiento previos.

¿Asistiremos de una vez por todas a un cambio en la política “Covid-cero” y se adoptarán medidas de estímulo más contundentes tras el XX Congreso?

La historia ofrece enseñanzas, y más aún la de tus vecinos. En el caso de Japón, hoy sabemos que la lenta y fragmentada respuesta de sus autoridades al estallido de la crisis inmobiliaria, no hizo más que empeorar el impacto económico. Asimismo, el pasado de Japón da pistas a la vecina China que, para continuar creciendo, necesitará ahora focalizarse en la mejora de la productividad y conseguir que su consumo interno vuelva a tener un mayor dinamismo. Las medidas que se adopten estos próximos seis meses para salir de la crisis inmobiliaria, marcarán el devenir de la próxima década.

Artículo publicado en ABC.

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