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El oro negro y las petroleras sostenibles

20 mayo 2021 Categoría: Sostenibilidad

En los últimos meses, y de la mano de la esperada reapertura tras tanto tiempo de angustia sanitaria y económica, el petróleo se ha instalado en un terreno cómodo, ciertamente favorable para los países exportadores y las compañías petroleras. 

Inédito si tenemos en cuenta la travesía en el desierto que supuso el año 2020, cuando el mundo se cerraba y la referencia Brent perdía un 40% en tres sesiones, hasta los 16 dólares/barril no vistos desde el año 2001. 

La movilización ingente de recursos nos condujo a la vacuna y esperanza, ya casi realidad, de una recuperación económica inédita y virulenta. Este movimiento se fraguaba ya en los últimos meses de 2020, lo que permitía al petróleo cerrar en niveles más honrosos de 52$/barril.En lo que llevamos de año, las expectativas de reapertura impulsan las materias primas, entre ellas el petróleo, con el Brent estabilizado en torno a los 65$/barril y avanzando un 30% en el año.

Pero veamos los componentes que determinan su precio. Por el lado de la oferta, la crisis agudizó su ajuste en el último año. Lo vimos en el primer productor mundial, Estados Unidos, con un bombeo inferior a 10 millones de barriles diarios, mínimos de tres años.

También se notaba en el acuerdo OPEP-Rusia, con estrategias coordinadas de menor producción pese al tímido anuncio de incrementos reciente –350.000 barriles diarios en mayo y junio, 400.000 en julio–. Sigue sin bombearse, de su parte, en torno al 8% del total mundial pre-pandemia.

Pedro Sastre - Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

En el extremo opuesto, está por revivir el acuerdo nuclear entre Irán y EE.UU., que podría levantar las sanciones e incorporar la oferta de crudo iraní al mercado. Les recordamos que Irán cuenta con el 10% de las reservas probadas de petróleo a nivel global.

Por el lado de la demanda, hay buenas noticias de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), organismo que revisó al alza en 230.000 barriles/día su previsión en 2021. Así, y tras una caída de 8,7 millones de barriles/día en 2020, la demanda crecerá cerca de 6 millones, hasta 96,7 millones diarios, ya muy cerca de los niveles pre-pandemia. En este sentido, y sin ánimo de pecar de optimismo por la mala situación de países clave como India, la AIE constata que la recuperación supera al mencionado incremento de la oferta de la OPEP.

En el lado micro, llama la atención la dispar pero positiva recuperación del sector petrolero, con las grandes estadounidenses –Exxon, Conoco, Chevron– subiendo de media un 35% anual, más del doble que las europeas Total, BP y Shell. Así, el habitual descuento de las europeas frente a las norteamericanas se ha ampliado a niveles máximos, por dos factores. De un lado, las políticas de reparto de dividendo más atractivas en EE.UU. Por el otro, el foco de las europeas en la transición energética, con importantes inversiones en proyectos con retornos todavía inciertos.

Con las dificultades que toda previsión entraña, creemos que el compromiso de la administración Biden con el cambio climático y una hoja de ruta de la AIE en similar dirección –objetivo de emisiones cero en 2050, propuesta de cese de nuevos proyectos de exploración de hidrocarburos-, empujarán a las petroleras estadounidenses a acelerar sus políticas de compromiso sostenible. Este y factores como la mejora de las políticas de dividendo harán que la brecha en cotizaciones entre ambos bloques se cierre, esta vez, con mejor suerte para Europa.

Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March
Artículo publicado en La Vanguardia

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