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El metal amarillo seguirá brillando

06 abril 2025 Categoría: Tribunas opinión

 

El oro inicia el año 2025 con mucha fuerza. Hasta comienzos de abril, el metal dorado acumula un avance cercano al +20%, superando los 3.100 dólares la onza en su mejor trimestre desde 1986. Y es que el actual escenario de tensiones comerciales –se cumplían los peores presagios en el Día de la Liberación de Trump, con anuncio de aranceles generalizados– y las consiguientes dudas sobre la economía global realzan su papel como activo refugio por excelencia.

Los pilares que lo apoyan hasta ahora son numerosos y variados, liderados por la demanda oficial del metal precioso. En 2024, y con datos del Consejo Mundial del Oro, los bancos centrales acapararon 1.037 toneladas netas de oro, y van tres años seguidos por encima de las 1.000 toneladas. Polonia, Turquía, India y China se situaron a la cabeza con el 30% de las compras, en un intento de reducir su dependencia del dólar y protegerse de la volatilidad global.

Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

El segundo factor que juega a su favor es la inversión financiera. Los ETF respaldados en oro, tras un año 2023 de salidas, recuperaban brío en 2024 con entradas netas por 3.400 millones de dólares, siendo la demanda impulsada por la caída de los tipos reales y la constatación de que el ciclo de endurecimiento monetario llegaba a su fin. Esta tendencia se acelera por momentos en 2025, con entradas netas de 12.500 millones solo en los dos primeros meses del año.  

La geopolítica y la macroeconomía también hacen su parte, con temores de recesión global reactivados tras la nueva ofensiva arancelaria de EE.UU., que incluye un impuesto base global del 10% a las importaciones. Mientras tanto, la posibilidad de que la Reserva Federal, Banco Central Europeo y otros bancos mundiales aceleren los recortes de tipos gana enteros y alimenta la expectativa de unos tipos reales bajos, entorno históricamente favorable para el oro.    

Incluso como novedad, la bonanza del oro llega a las cotizaciones de las mineras extractoras del metal. En esta ocasión, frente a otras épocas recientes de bonanza del oro como en la Covid-19, una estructura de costes fijos más predecible, incluyendo costes de extracción más moderados, y la mayor disciplina en la actividad corporativa, que ahora permite políticas de dividendo más recurrentes, han permitido la correlación positiva del metal con los precios bursátiles de estas.

Pero no es oro todo lo que reluce, ya que hay factores que podrían limitar o incluso revertir esta tendencia. Por un lado, sus altos precios habrían empezado a erosionar la demanda física en mercados clave de Asia, responsable de más del 50% de la demanda mundial de oro físico. Así, en China la compra de joyería cayó con fuerza en 2024 (-24%), tendencia que podría hacer que esta debilidad persista si los precios se mantienen en máximos históricos.

Por otro lado, si el mercado no acierta y los bancos centrales se resisten a recortar tipos, el rendimiento real de los bonos podría subir, reduciendo el atractivo del oro, que no genera rentabilidad en sí mismo –no paga ni intereses ni dividendo–. De hecho, entre 2022 y 2023, esa fue precisamente la principal fuente de presión bajista sobre su cotización.

Sopesando pros y contras, el panorama inmediato parece propicio. Y es que, en un mundo más incierto y miedoso, el refugio dorado estará dispuesto a seguir brillando.

Artículo publicado en ABC.

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