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El arte de no enrabietar a los mercados

26 septiembre 2021 Categoría: Tribunas opinión

Los mercados financieros reflejan emociones predecibles en sus decisiones de inversión.

Durante siglos, la ciencia ha desarrollado leyes y reglas que predicen el comportamiento de nuestro entorno, desde el de seres minúsculos como las células o partículas como el electrón, hasta el comportamiento de planetas y ecosistemas naturales.

En este contexto, los mercados financieros, todavía formados por personas, reflejan emociones predecibles en sus decisiones de inversión.

Así, cuando la economía crece, los tipos de interés son bajos, los beneficios suben y hay liquidez, el optimismo impera. En el extremo contrario, nos acordamos de la declaración súbita, inesperada y errónea –sin eufemismo alguno– del anuncio de reducción de compras de bonos por la Reserva Federal en 2013.


Pedro Sastre es Analista Senior de Estrategia de Mercados de Banca March

Y es que si las compras evitaban el colapso económico tras la crisis de 2008, el mencionado anuncio de venta dejaba a los mercados desorientados y propensos a deshacer riesgo. Enrabietados, en definitiva.    

Nuestra tesis es que la rabieta asociada a la retirada de estímulos monetarios, o tapering, no llegará esta vez. Examinemos al Banco Central Europeo, cuya presidenta Lagarde tenía papeletas para cometer el error de 2013, protagonizado por Bernanke. A fin de cuentas Lagarde, ex-Directora Gerente del FMI, adolecía de la experiencia necesaria para presidir la institución.

Nada más lejos de la realidad si tenemos en cuenta el acuerdo unánime alcanzado con vistas al diseño de una nueva estrategia monetaria, que incluyó la adopción de un objetivo de inflación simétrico del 2% a medio plazo. Esto es, ahora las desviaciones positivas o negativas respecto de ese objetivo son igual de indeseadas, pero una meta más flexible permite aceptarlas. Además, en la última reunión de julio, Lagarde asestó un golpe maestro al anunciar la reducción en el ritmo de compras que calificaba de “recalibración”, que no “tapering”. Juego de palabras que contentaba a todos pero que no oculta el inicio, tímido pero inicio a fin de cuentas, de la retirada de estímulos.      

Con la Fed asistimos a un hecho similar, incluso más meritorio teniendo en cuenta el progreso alcanzado en la recuperación económica del país y con el alto nivel de precios actual. En su última reunión, esta semana, Powell avisaba que el inicio del tapering comenzará en noviembre y se prolongará hasta mediados de 2022. Hubo además un cambio de rumbo en las proyecciones de tipos, y la mitad de miembros espera ya subida en 2022. Lo mejor fue la tranquila reacción del mercado, aparentemente preparado para afrontar el endurecimiento monetario.

A nuestro juicio, el mérito de Powell es doble. Por un lado, ha venido anticipando a los mercados –en concreto desde enero– que este momento de retirada de estímulos llegaría. Por el otro, esta retirada de estímulos la ha desvinculado de una subida de tipos, proceso que no se iniciará al menos hasta que finalice el tapering. Y ello gracias a una visión transitoria del repunte de la inflación, que permite de paso ganar tiempo al mercado.    

La gran reapertura económica, conseguida a base de estímulos en respuesta a la histórica pandemia, ofrece a los mercados pocas dudas de un endurecimiento monetario a la vuelta de la esquina. El buen manejo de los tiempos es ahora la principal labor de los banqueros centrales. Y su objetivo, evitar episodios pasados de rabieta a los mercados para que, pese a la información pendiente de digerir, no les pille con el pie cambiado. Y a fe que lo están consiguiendo.  

Artículo publicado en La Vanguardia.

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