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El año de la Magdalena de Proust

26 enero 2025 Categoría: Tribunas opinión

 

Encaramos un ejercicio con el mundo revuelto y cargado de incertidumbres, pero también con la sensación de habernos enfrentado con anterioridad a algunas incertezas que no son tan diferentes. Ante esta suerte de flash proustiano contamos con el privilegio de la memoria y la prerrogativa del tiempo, que nos permiten mirar al pasado para extraer información del futuro.

Seguramente recordarán lo bien que Marcel Proust describía el sinfín de sensaciones que le surgían al narrador de Por el camino de Swann cuando se disponía a engullir una magdalena recién bañada en té. Se desencadenaban un montón de recuerdos que trasladaban su mente al pasado.

Joan Bonet Majó es Director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March

Ni estamos ante el primer mandato de Trump, ni es la primera vez que el autoritarismo impera en la Casa Blanca. Tampoco son novedosas las resistencias globales a rebajar los engrosados déficits públicos, las dudas sobre la longevidad del ciclo económico o la cada vez más exagerada apropiación del valor añadido global por parte de las 10 mayores compañías norteamericanas, que ya suponen un 27% de la capitalización mundial.

La reminiscencia del pasado más importante es que, por encima de todo, han transcurrido ya más de 18 meses desde que los tipos de interés norteamericanos alcanzaran su máximo nivel en un cuarto de siglo, y el ciclo resiste gracias a la fortaleza del empleo y la resiliencia del consumo. Un periodo lo suficientemente largo como para confirmar que las subidas de tipos de interés no acaban siempre con los ciclos económicos -históricamente ha existido un decalaje medio de 10 meses entre el punto de máxima restricción monetaria y las recesiones-. La economía norteamericana crecerá este trimestre un 3%, estirando un ciclo de 5 años que todavía es 2 años más joven que el promedio.

La otra magdalena que comenzamos a “saborear” es el Trump 2.0., que muy probablemente diferirá mucho de su primer mandato. Tras una semana de extravagantes declaraciones y ordenes ejecutivas conviene recordar que no cumplió muchas de las promesas de su primer mandato. Su política estuvo marcada por las negociaciones comerciales (renegoció el NAFTA) a base de acosos arancelarios, la reducción de un -11% de la inmigración ilegal y los recortes de impuestos. Ahora hereda una economía que ofrece un margen bastante más reducido: un déficit público del 7% frente al 2,9% de entonces y la deuda pública ronda el 123% del PIB frente al 105% en 2016. Además, aunque la irrupción de Elon Musk al mando del Departamento de Eficiencia Gubernamental genera muchas expectativas, la magia no existe: la capacidad real de actuación sobre el gasto público sin la aprobación de un 60% del Senado se limita al 2,4% del PIB por no decir que Trump, en su primer mandato, incrementó el empleo público en un +3,4%.  Además, en materia arancelaria, seguramente ahora será más comedido dirigiendo las tarifas a países y sectores específicos.

Sin duda, muchas reminiscencias del pasado que nos hacen pensar que, al final, el agua no llegará al rio y que queda MAGA y ciclo para rato.

Artículo publicado en El País

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