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Defensa europea: un impacto desigual en tiempos de rearme

11 septiembre 2025 Categoría: Tribunas opinión

La invasión de Ucrania marcó un punto de inflexión que ha reconfigurado las prioridades estratégicas y económicas del Viejo Continente. Desde 2022, Europa ya no es la misma. A esto se suma el giro aislacionista de Donald Trump, que ha puesto en evidencia las carencias estructurales en nuestra defensa. En respuesta, la OTAN se ha visto forzada a incrementar su compromiso presupuestario, elevando el gasto del 2,5% al 3,5% del PIB en defensa, más un 1,5% adicional en infraestructuras vinculadas a la seguridad.

¿Puede Europa beneficiarse de las fuertes inversiones en defensa?

Luis Fernando Coello, Analista de Estrategia de Banca March

En primer lugar, la capacidad de los países para asumir este esfuerzo no es homogénea. Las economías del sur, más endeudadas, deberán reorientar partidas presupuestarias existentes, mientras que Alemania contará con recursos nuevos, expandiendo su déficit fiscal.

En segundo lugar, se debe evaluar el “multiplicador del PIB”, concepto introducido por Keynes en 1936, que mide cuánto crecimiento económico genera cada euro de consumo público. En el caso del gasto militar, los estudios sobre su alcance provienen principalmente de Estados Unidos, país que ha tenido la suerte de afrontar sus episodios bélicos sin sufrir la destrucción de infraestructuras internas, aislando el factor.

Una de las principales conclusiones es que el multiplicador se ha ido reduciendo progresivamente a lo largo de los años. Una de las causas es la pérdida de peso del sector industrial, que ha pasado de representar el 25% al 10% del PIB estadounidense. El análisis histórico demuestra que los costes de reconversión de la industria civil a militar son menores que la reconversión desde el sector servicios, y por ello el multiplicador es mayor cuanto más industrial sea una economía.

Este patrón se puede aplicar a las economías europeas que se enfrentarán al reto de implementar y canalizar los nuevos estímulos en defensa. Se espera que el impulso del rearme tenga un efecto heterogéneo y las economías europeas con un elevado peso industrial, como la alemana, serán capaces de absorber e implementar mejor los estímulos fiscales.

Otro factor que influye negativamente sobre la intensidad del multiplicador es la dependencia del equipamiento militar extranjero. Europa importa aproximadamente el 78% de su armamento, aunque con grandes diferencias entre países. Alemania presenta una dependencia del 24%, mientras que Italia alcanza el 59%. Esta disparidad condiciona la eficacia del estímulo, ya que una mayor producción interna implica una mayor repercusión económica local. Iniciativas como el Fondo Europeo de Defensa (EDF) buscan reducir esta dependencia, aunque sus efectos serán graduales.

El nuevo orden geopolítico, trae consigo nuevos desafíos. El rearme europeo no solo redefine las prioridades estratégicas, sino que también revela las asimetrías entre sus economías. La capacidad de transformar el gasto en defensa en crecimiento interno dependerá de factores como la estructura industrial, la autonomía tecnológica y el margen fiscal de cada país. En este escenario, Alemania se perfila como el principal beneficiario, mientras que otros Estados deberán afrontar el reto de adaptar sus capacidades para no quedar rezagados.

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