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¡Boris no se atreverá!

29 noviembre 2020 Categoría: Tribunas opinión

La incertidumbre está forzando a los importadores a cubrirse frente al no acuerdo, acumulando stock dentro de la isla, abrumados con los trámites aduaneros que les esperan.

Si algo ha marcado el periodo de transición del Brexit es la mítica frase de Churchill que defendía que “un magnífico éxito siempre debe estar acompañado de un enorme riesgo de fracaso”. 

Johnson no ha parado de tensar la cuerda desde que, en julio de 2019, expulsara a Theresa May. A pesar de la Covid, forzó un periodo de tan sólo 11 meses, que irremediablemente finalizará el 1 de enero, y ha presionado con la ley de Mercado Interno, tratando de otorgarse la capacidad para desdecirse sobre el control de las aduanas irlandesas.

Mientras los plazos se agotan para evitar que no haya acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido y entren en vigor los aranceles establecidos por la OMC, los británicos comienzan a sentir ese “enorme riesgo de fracaso”.

La incertidumbre está forzando a los importadores a cubrirse frente al no acuerdo, acumulando stock dentro de la isla, abrumados con los trámites aduaneros que les esperan. El cuello de botella ha disparado los costes de transporte incluso para los productos no europeos (los fletes desde Asia han doblado su precio desde junio). El Gobierno británico ha preparado un parking de 11 hectáreas en la frontera capaz de albergar a más de 2.000 camiones por si no hubiera acuerdo. ¿Qué pasaría con los abastecimientos básicos, considerando que casi un tercio de los alimentos y un 80% de los productos importados a supermercados provienen de la UE? ¿Y con las medicinas en plena Covid? ¿O con las exportaciones británicas (un 45% se destinan hacia la UE)?

Afortunadamente, el acuerdo de divorcio pactado el pasado enero ya garantiza los derechos de los ciudadanos británicos en territorio comunitario y viceversa, la capacidad de las entidades financieras europeas para operar en el Reino Unido, el importe que Londres pagará a la UE (equivalente al 1,5% del PIB británico), así como el estatus sobre Irlanda del Norte, que evita una frontera dura salvaguardando el mercado único comunitario, a la vez que se asegura a Belfast su permanencia en territorio aduanero británico.

Faltan cuatro puntos fundamentales: los más complicados son el mecanismo de resolución de conflictos y si será el Tribunal de Justicia Europeo quien los resolverá, mientras que hay otros dos de más fácil entendimiento, como la permisividad para pescar en aguas británicas (sólo supone el 0,1% del PIB británico) y la capacidad para limitar las ayudas estatales.

Boris no se atreverá a desencadenar una salida desorganizada y el acuerdo de mínimos debería ser inminente. Lo único es que, por más que lo vendan como una victoria, a pesar de lo que Churchill decía, el Brexit ni mucho menos es un “magnífico éxito”.

Joan Bonet Majó es Director de Estrategia de Mercados de Banca March

Artículo publicado en El País

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