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A propósito de Edison

14 noviembre 2021 Categoría: Tribunas opinión

La  lucha medioambiental debe hacerse a un ritmo que también sea sostenible desde el punto de vista económico, produciendo una energía no sólo más limpia, sino más barata.

A pesar de las grandilocuentes declaraciones realizadas en el COP26 de Glasgow, la falta de definición de objetivos de corto plazo no asegura la meta de emisiones cero en 2050 que se marcó hace 6 años en París. Si seguimos así, solo se evitará un 7,5% de las emisiones previstas para 2030.

Mientras los gobernantes discuten sobre quiénes deberán sufragar la transición energética, la  lucha medioambiental debe hacerse a un ritmo que también sea sostenible desde el punto de vista económico. La solución climática pasa por producir una energía no sólo más limpia, sino más barata.


Joan Bonet Majó es Director de Estrategia de Mercados de Banca March

No es nada nuevo; ya lo dijo Thomas Edison en la transición eléctrica que se desencadenó hace 140 años a raíz de la invención de la lámpara de incandescencia: “vamos a hacer la electricidad tan barata que sólo los ricos podrán quemar velas”. Tras inventar una bombilla con una durabilidad comercialmente viable, declaraba la llegada de la luz eléctrica a los hogares, eliminando el humo de los interiores. Sólo se conseguirá vencer la batalla del clima abaratando las renovables y penalizando con impuestos piguovianos a aquellos que “queman velas” en nuestro planeta.

Afortunadamente, la curva de aprendizaje de la energía fotovoltaica, la termosolar y la eólica se ha reducido tanto a lo largo de los últimos 10 años (un 85%, 68% y 56% respectivamente), que la nueva capacidad instalada de generación renovable es una alternativa más barata a la energía fósil en más de tres cuartas partes del mundo.

Pero este tipo de energías sólo funcionan cuando hay viento y sol y, la falta de capacidad para almacenarla hace que, en algunas regiones como la U.E., tengamos que recurrir al gas (principalmente ruso) ante las inclemencias meteorológicas o picos de demanda, poniendo en evidencia la importancia de disponer de energías como la nuclear que, además de hacernos más independientes, sirve de estabilizador del mix eléctrico. Desafortunadamente, la solución a los actuales cuellos de botella no llegará con rapidez ya que la construcción de nuevas plantas no es rápida (alrededor de 6 meses para la energía solar y eólica, llegando a 20 meses para la eólica marina frente a los 5/10 años de la nuclear). Sin duda, el camino a seguir son las renovables por más que la inversión tenga que triplicarse y mantenerse a ese nivel, como mínimo durante diez años, para cumplir con los objetivos de descarbonización. Mientras, EE.UU., que hasta el momento había destacado por mantenerse en un segundo plano, está cerca de alcanzar cambios significativos: el Build Back Better de Biden ambiciona producir el 40% de la electricidad estadounidense con energía solar para 2035.

Para que la transición energética sea un éxito hay que ir paso a paso, asegurándose de la viabilidad económica de cada una de las decisiones. Si no, que se lo digan a Edison que, tras el fracaso de su proyecto de electrificación de EE.UU. mediante corriente continua, tuvo que vender su compañía a J.P. Morgan, que crearía lo que hoy es General Electric.

Artículo publicado en El País

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