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24/07/2017

La política global catapulta al euro

El panorama económico en la Eurozona ha mejorado lo suficiente como para descartar —por lo menos a corto plazo— nuevos escenarios de riesgo de fragmentación que podrían empujar al euro a devaluarse.

El pasado jueves, el Banco Central Europeo (BCE) no alteró ninguna de sus medidas monetarias, aunque sí indicó que se valorarán nuevos recortes en política monetaria a la vuelta del verano. Con toda seguridad, esas medidas no serán una subida en los tipos de interés oficiales, ni tampoco los tipos de depósito para las entidades financieras en el banco central, que actualmente se mueven en terreno negativo. Se tratará más bien de un recorte en las cifras de compras mensuales de deuda en mercado. Pero en cualquier caso, aproxima en el tiempo el momento en que los tipos oficiales comenzarán a repuntar —a día de hoy se baraja el mes de septiembre de 2018 para la primera subida— y, con ellos, el coste de la deuda de empresas y familias.

Simultáneamente, la situación política en Estados Unidos sitúa al presidente Donald Trump en una posición cada vez más delicada, lo que compromete su propuesta de bajada de impuestos. Este factor, junto con otros estímulos que pudieran aplicarse desde el punto de vista de la inversión pública, o las mayores trabas comerciales, estaban en la base de las expectativas de inflación, tipos de interés y crecimiento para la economía estadounidense. Una presidencia cada vez más comprometida tanto desde el punto de vista legislativo como judicial pone en tela de juicio esas previsiones, cuanto menos, demorándolas en el tiempo.

  El resultado ha sido un pronunciado movimiento al alza para la divisa común europea, que se cruza ya a 1,165 frente al dólar y a 0,898 frente a la libra esterlina, afectada también por la cada vez más incierta —y por tanto menos favorable a Reino Unido— ejecución del mandato de abandonar la Unión Europea. El movimiento semanal para el cruce del eurodólar se sitúa en el 1,4% a favor del euro, mientras que el movimiento en el año alcanza ya el 11%.

Las implicaciones de estos movimientos en las divisas no son, por supuesto, desdeñables para la valoración del resto de los mercados. Empezando por el impacto que puede tener en los beneficios a medio plazo para las compañías exportadoras europeas, con las industriales o automovilísticas a la cabeza. Una moneda relativamente más cara frente a las de los mercados en los que opera compromete bien sus ventas, bien sus márgenes. Tampoco la banca es ajena, ya que además de estar diversificada geográficamente y por tanto expuesta a las divisas, la caída en la rentabilidad de los bonos estadounidenses no favorece su capacidad para generar margen de intereses en el futuro.

Es, por tanto, momento de preguntarse si esta escalada del euro es sostenible o no, si volveremos a hablar en un futuro inmediato de la paridad entre las dos principales divisas del mundo o si aquello fue poco menos que fantasía. El panorama económico en la Eurozona ha mejorado lo suficiente como para descartar —por lo menos a corto plazo— nuevos escenarios de riesgo de fragmentación que podrían empujar al euro a devaluarse. Al mismo tiempo, ese escenario de normalización monetaria cada vez se da más por asumido y el diferencial de tipos de interés es uno de los dos elementos clave a la hora de medir el precio justo de las divisas, junto con los flujos comerciales.

Por tanto, si la subida de tipos en Estados Unidos cada vez se descafeína más y la europea va ganando probabilidad, al tiempo que los flujos comerciales en Europa siguen siendo claramente superavitarios, tiene poco fuste pensar en una devaluación súbita.

Por otra parte, y aunque es innegable que el ciclo económico en Estados Unidos está ya maduro, quizá se ha presionado en exceso a la baja esa expectativa. Los principales elementos que hemos comentado anteriormente son de tipo político y, por tanto, volátiles. Quizá no será de modo inminente, pero sigo pensando que a tres años vista los tipos habrán subido más en Estados Unidos que en Europa. Estados Unidos necesita imperiosamente hacerlo, junto con otras medidas como reducir el tamaño del balance de su banco central. Por lo que tampoco parece que tendrá mucho recorrido una devaluación mucho más pronunciada.

Las divisas son elementos muy poco previsibles y no conviene mucho meterse en este tipo de charcos. Pero puestos a hacerlo, apostaríamos por la volatilidad en el corto plazo y la apreciación del dólar a finales de año.

Alejandro Vidal, director de Estrategia de Mercados de Banca March  

Artículo publicado en ABC

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