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07/01/2018

El Cezanne abandonado de Keynes y el déficit público

Sin duda alguna Keynes fue uno de los economistas más influyentes del siglo XX, y es recordado por sus teorías sobre el papel intervencionista del estado en materia de gasto público, para cubrir el déficit de la demanda agregada.

Keynes, polifacético, fue profesor de la Universidad de Cambridge, alto funcionario y negociador internacional en nombre de Inglaterra en múltiples ocasiones. Además, junto a Virginia Wolf y otros intelectuales y artistas británicos que se oponían a los rituales sociales victorianos, fundó el Círculo de Bloomsbury. Gracias a estas amistades, en 1918, en plena Guerra Mundial, protagonizó una curiosa anécdota. Con sumo sigilo convenció al Tesoro Británico para que le confiara fondos para participar en una subasta de arte que se organizó en Paris, donde se vendía la colección que Edgar Degas dejó tras su muerte. De esta manera, aprovechó los bajos precios de tiempos de guerra para comprar 20 obras maestras impresionistas como la “Ejecución de Maximiliano” de Manet, o cuadros de Delacroix o Gauguin. También compró para sí mismo un Bodegón con manzanas de Cezanne.

Cuando volvió a Inglaterra, el coche que le llevaba no pudo acercarle hasta la puerta de su casa debido al barro y a la importante carga. Keynes abandonó el Cezanne bajo un arbusto junto a parte de su equipaje, y fue a pedir ayuda caminando más de un kilómetro. ¡Imagínense la situación!

Pronto se cumplirán 100 años de aquello. Afortunadamente el contexto ahora es muy distinto. Sin embargo, el papel del Estado como motor de la actividad en tiempos de crisis es una idea que no para de reavivarse constantemente, particularmente tras la crisis de 2008.

Si Keynes levantara hoy la cabeza estaría de acuerdo con las rebajas de tipos de interés sin precedentes que han acometido los bancos centrales a nivel global. También aplaudiría las compras de bonos corporativos con el objetivo de favorecer la financiación de las empresas. Lo que le apenaría es constatar que los gobiernos en lugar de generar superávits presupuestarios cuando las cosas van bien, y déficits en las vacas flacas, mantienen el déficit a lo largo del tiempo.

Con el PIB americano creciendo al 2,5%, la tasa de desempleo en mínimos desde 2001, y la Reserva Federal en pleno proceso de retirada de estímulos, el gobierno americano acaba de conseguir aprobar la esperada reforma fiscal. El siguiente paso será el plan de infraestructuras que podría suponer 1 billón de dólares con un importante incremento de la inversión pública. Intentarán compensar políticas monetarias menos expansivas con una intervención parcial del estado. El riesgo de pasarse y de volver a acrecentar el déficit es grande. Me temo que 80 años después, y aunque muchos no lo quieran reconocer, Keynes no está tan muerto.  

Joan Bonet Majó Director de Estrategia de mercados de Banca March

Artículo publicado en El País

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